- Propietarios con dificultades económicas o sin relevo generacional eluden retirar sus naves por el alto coste y generan riesgos para los recintos y el resto de flota
- La costa barcelonesa, muy afectada por el fenómeno en auge
Inmóviles, degradados y atrapados en un laberinto burocrático. Los barcos abandonados se han convertido en una de las mayores preocupaciones para los puertos deportivos catalanes, que enfrentan una triple crisis: la falta de espacio, el riesgo de vertidos contaminantes y una normativa tan lenta que puede tardar dos años en autorizar un solo desguace.
La ausencia de un censo oficial impide cuantificar con exactitud el alcance del grave problema del abandono de embarcaciones, lo cual ya es para el sector una muestra de que el asunto ha quedado hasta ahora desatendido. Se trata de una tendencia creciente y Catalunya, al contar con una de las mayores densidades de amarres del Mediterráneo (cerca de 30.000), es una de las más afectadas.
En los puertos catalanes, el abandono suele ocurrir en embarcaciones de recreo de pequeña y mediana eslora, entre los seis y los diez metros. La mayoría son de pabellón español y francés. Los puertos denuncian que el procedimiento para poder retirarlos es muy largo y caro. «Es como tener un parking en el que varias personas dejan el coche y desaparecen para siempre. Tienes una plaza ocupada sin poder cobrar», explica de forma gráfica Jordi Caballé, de Marinas de España.
Envejecimiento de la flota
«Es un problema que va a más«, explica el presidente de la Fundació Barcelona Capital Nàutica, Laureà Fanega, fruto del envejecimiento de las personas que hasta ahora tenían barcos en propiedad, así como de la actual flota. En los últimos años, ha caído la venta de embarcaciones en favor del alquiler, las actividades en clubes de navegación y el uso compartido.
Raimon Roca, presidente de la Associació Catalana de Ports Esportius i Turístics (ACPET) —que representa a 48 concesionarios con dos tercios de los amarres catalanes—, indica que el problema del abandono se debe a situaciones personales: propietarios de edad avanzada sin relevo generacional, herederos que se desentienden de la nave y, sobre todo, dueños que atraviesan dificultades económicas.
Peligro en el puerto
En estos casos, lo primero que dejan de pagar es el amarre. Después, ante la ausencia de mantenimiento, el salitre y los temporales dañan rápidamente la embarcación. Los responsables del puerto coinciden en el detalle de este proceso de deterioro sistémico: el casco se degrada y existe el riesgo de contaminación de las aguas por vertidos de aceite y combustible. Cuando se rompen las defensas del barco (los amortiguadores de caucho), las naves impactan y dañan el muelle y las embarcaciones contiguas. Se crean vías de agua y hay riesgo de hundimiento, e incluso de que puedan arrastrar a otro barco.
“Hay que hacer rondas de vigilancia para controlar esos barcos. Cuando vemos que su línea de flotación está por debajo del agua hay que actuar”, explica el gerente del Consorci Port de Mataró, Carles Fillat, que cifra en una veintena los barcos en malas condiciones en este puerto. Ante el peligro de hundimiento y daños a terceros barcos, el puerto debe iniciar los trámites para poder sacarlo del agua. «Muchos puertos están llenos y encontrar un amarre de un día para otro es caro, mientras los ocupan estos barcos abandonados», lamenta Fillat.
Más en la Costa Central
El problema afecta a todos los puertos deportivos -con alguna excepción puntual- y es mucho mayor en la Costa Central, que abarca desde el Maresme hasta el Garraf, donde se ubica el mayor número de amarres. En algún caso se han contabilizado hasta 30 embarcaciones abandonadas en una sola instalación. En puertos pequeños puede haber entre dos y siete barcos. La Fundació Barcelona Capital Nàutica, junto con la asociación de puertos deportivos y Clúster Development, han iniciado un intenso trabajo para cuantificar la dimensión del problema y encontrar una salida a la situación, involucrando a todos los actores del sector náutico.
“Si haces un buen mantenimiento, un barco puede durar 60 años o más. Animamos al refit: muchos clientes compran un llaüt de los años 70, colocan un nuevo motor y se convierte en un barco clásico con muchos años por delante”, señala Fillat. Pero sin mantenimiento, llega el momento en que la reparación no cubre el precio de venta, el dueño se desentiende y el barco queda en un limbo. Por ley, cuando los propietarios no atienden a su responsabilidad, los puertos deben hacerse cargo y realizar largos y costosos trámites para poder sacarlo del agua y desguazarlo.
Pocos expedientes
Entre 2020 y 2025, Ports de la Generalitat tramitó 68 expedientes de abandono, entre 13 y 14 anuales de media, cifra que el propio sector considera alejada de la realidad de los amarres. Sin embargo, la administración ha pisado el acelerador: los ocho nuevos expedientes abiertos durante el primer cuatrimestre de 2026 indican que, si sigue así, este año tramitará prácticamente la mitad de lo que se gestionó en los cinco años anteriores juntos.
“Los puertos vamos poco a poco resolviendo los expedientes de abandono. Pero dedicamos muchas horas de tramitaciones y asumimos un coste económico muy elevado. Pedimos a la administración que los procesos sean ágiles, y que puedan completarse en seis meses, tanto para garantizar la seguridad del puerto como la operativa de la instalación. Tenemos que encontrar una manera para que este problema no vaya a más”, reclama el presidente de la ACPET.
Condonar la deuda
Lluc Puig, director de Marina Empuriabrava, afirma que se dan casos de barcos que están hasta cinco y seis años sin afrontar los costes de amarre. Todo el procedimiento administrativo para poder sacarlos del agua y destruirlos suma luego dos años más. Para evitar los largos trámites y poder liberar espacio, propone a los propietarios que ya no pagan ni mantienen su nave a que accedan a su desguace a cambio de condonar una parte de la deuda contraída con el puerto.
Empuriabrava lleva a cabo entre seis y ocho desballestamientos al año. Para una embarcación pequeña de ocho metros, la cantidad sin ingresar por el amarre puede variar entre los 3.300 y los 8.000 euros anuales. Luego, según Puig, las gestiones de tasación, peritaje, de abogados, el traslado y desguace pueden suponer al menos 4.500 euros más de costes para el puerto.
Margarita, de John Wayne
Hace tres años, entonces como gerente del Consorci Port de Portbou, recuerda que desballestó la embarcación Margarita, una de las más viejas. «Se decía que era de John Wayne. Debido a su estado, se hundió delante del puerto. La sacaron con una grúa y quedó abandonada allí mismo», hasta que dos años de trámites más tarde, recuerda Puig, «pudimos desballestarla». El pueblo ya se había encariñado con ella, y hay quien incluso protestó por su destrucción.
Noticia publicada en El Periódico por Gloria Ayuso. Consultar aquí

